Todo comenzó con una crisis de consciencia en un supermercado de Valencia. Era 2019 y Sofía Martínez, arquitecta especializada en bioconstrucción, llenaba su carro de productos de limpieza envueltos en plástico con listas de ingredientes que nadie entendía. En ese momento, buscó en su teléfono una alternativa en España. No encontró ninguna que fuera realmente buena.
Llamó a Diego Ruiz, su amigo de toda la vida y diseñador industrial con quince años de experiencia en economía circular. La conversación duró cuatro horas. Al día siguiente, renunciaron a sus trabajos. En seis meses, tenían un taller de 40 metros cuadrados en el Cabanyal, cinco productos y una web artesanal. El primer mes vendieron doce pedidos. El segundo, ochenta y tres.
La idea era sencilla pero radical: cada producto de Eco Hogar Vivo tendría que ser más bello, más duradero y más eficaz que su equivalente convencional. Y además, respetuoso con las personas que lo hacen y con el planeta que lo hace posible. Sin compromisos. Sin greenwashing.
Hoy, siete años después, trabajamos con 60 artesanos en toda España y Portugal, tenemos nuestra tienda flagship en el centro de Valencia y hemos ayudado a más de 80.000 familias a transformar sus hogares. Pero cada mañana seguimos haciéndonos la misma pregunta: ¿podemos hacerlo mejor?